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(Incertidumbre irracional) El estudio de los polígonos regulares más elementales conduce a abismos insondables. Es sorprendente ver con que facilidad el triángulo equilátero, el cuadrado, el pentágono y el círculo, nos conducen a un conjunto de incertidumbres. Partiendo del concepto de unidad y de la geometría ilusoria de la línea recta, logramos aproximarnos a los infinitos inconmensurables. Me refiero a que es imposible medir pequeñas distancias que paradójicamente, por su “gran magnitud”, no puede medirse. Recordemos que son conmensurables las cantidades cuya razón es un número racional; e inconmensurables las cantidades irracionales. La imposibilidad de medir con precisión hace del mundo algo incierto. Es la incertidumbre quien da evidencia de la persistencia del misterio. Se reitera el hecho de que el saber es hermético. Un mundo medible sería un mundo predecible y robótico. Sólo queda conformarnos con la comprensión de que “quien crea estar ubicado está mal informado”. La concepción por parte de la especie humana de la incertidumbre, no surge con Heisenberg, viene desde los números irracionales (desde antes de Cristo). Heisenberg fue un físico del siglo XX quien desarrolló la mecánica cuántica y cuyo principio de incertidumbre ejerce una profunda influencia en la física y en la filosofía. Pero, ante todo, debe entenderse que en verdad la incertidumbre es preexistente (más que un acto humano). Desde antes de la secta Pitagórica se dan evidencias de la comprensión de la derrota en el oficio de medir. Es en los orígenes del número Pi y de la diagonal del cuadrado donde radican los comienzos de la historia de la incertidumbre. UNIVERSO IRRACIONAL El universo usa todo tipo de números para expresarse y construir su fenomenología (naturales, enteros, racionales, reales, etc.). O debería decirse que para el universo no existen los números. Esto hace referencia a la complejidad y el conjunto de derrotas que acarrean dichos conceptos que categorizan y pretenden enjaular al quehacer del tiempo. La naturaleza está inundada de estructuras alusivas a los números irracionales. Existen múltiples arquetipos que tienden a ser círculos, cilindros, tubos, esferas, triángulos, cuadrados, pentágonos, hexágonos, espirales, etc. Todos estos ejemplos revelan la inercia del mundo a aproximarse a estos ideales matemáticos, pero que distan mucho del rigor absoluto. Detrás de gran número de crecimientos, formaciones o estructuras, hay unas brújulas que determinan el cauce de estos procesos: los números irracionales. Para entender la “razón” del acaecer del mundo, hemos de tomar como herramienta cognitiva al concepto de los números irracionales (La sinrazón). Recordemos que un número irracional es el que no puede expresarse como cociente de dos números enteros. Paradójicamente para acceder a racionalizar los números irracionales se debe comenzar por el cociente de dos números enteros. Por ejemplo: • Haciendo historia, el matemático griego Arquímedes afirmó que el valor de π se encuentra entre 3 + 1/7 y 3 + 10/71. • El número de oro puede obtenerse por la división entre dos números sucesivos de la serie de Fibonacci, cada vez más preciso a medida que se avanza en la serie. 5 / 3 = 1.666666666666... 8 / 5 = 1.600000000000... 13 / 8 = 1.625000000000... 21 / 13 = 1.615384615384... 34 / 21 = 1.619047619047... 55 / 34 = 1.617647058823... 89 / 55 = 1.618181818181... 144 / 89 = 1.617977528089... • La secuencia de números que dan origen a raíz de dos es: 1, 2, 3, 5, 7, 12, 17, 29, 41, 70, 99… El siguiente número en la serie surge de la suma de los dos anteriores alternada con la suma obtenida al ignorar un número hacia atrás. Para obtener la raíz de dos se hace el cociente entre dos números seguidos de la serie. A medida que se avanza, se obtiene más precisión, así: 1 / 1 =1 3 / 2 = 1.5 7 / 5 = 1.4 17 / 12 = 1.41666 41 / 29 = 1.41379 99 / 70 = 1.41428 • El número “e” también muestra claramente el cociente entre enteros. ∞ ∑ 1 / n! = 1 + 1 / 1.2 + 1 / 1.2.3 + 1 / 1.2.3… (n-1) . (n) + … n = 1 Es tentador atreverse a afirmar que el comportamiento del caos o universo, está determinado por la posibilidad de incluir en su inercia matemática una mayor o menor resolución en las infinitas series no periódicas. Cada átomo, molécula, cristal, ser vivo, etc. está sometido a un conjunto de fuerzas variables que hacen oscilar la resultante entre un intervalo cercano a los ideales absolutos de los números irracionales. Reconocemos que no hay nada estático, y que la dinámica del mundo hace de los polígonos regulares y de las circunferencias unos ideales a los que se acerca la interpolación idealizadora o la estadística del movimiento. Debemos ser entonces un poco más tolerantes con nuestras incapacidades, y con las del mundo y su realidad objetiva o virtual. ¿Que capacidad de predecir puede esperarse de este universo, que para calcularse a sí mismo, que para encauzar su fenomenología, debe atenerse al simple espejismo de una precisión irracional? La hipotética cavilación del caos no conoce las infinitas cifras significativas de la tarea irracional. Se detiene con premura y certeza ante esos inconmensurables. Se los ahorra. La célula podría concebirse, con ánimos cognitivos, en una entidad unitaria, estructural y funcional de los seres vivos. El concepto por analogía sería la unidad estructural y funcional del pensamiento. Por ende, cabría afirmar que los números son herramientas ideales, unidades estructurales, funcionales y ficticias de los avatares cognitivos del tiempo. Si una manzana más otra manzana no son dos manzanas. Si son manzanas distintas, se esfuman los enteros. Sin la unidad no pueden, ni siquiera aspirar a ser, los mágicos y lúdicos números irracionales menos. Ante un observador, las cosas parecen ser, las cosas no son… ¿Pertenecemos a una realidad que se desconoce a sí misma? ¿Pertenecemos a una ilusión que reconoce que se desconoce?

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