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Alcanzan a ser más de mil los poliedros pequeños elaborados por Mario Marín. Esta colección de micropoliedros originales es una evidencia de que “con cualquier cosa se puede construir un poliedro”. “Cualquier cosa” posee una forma, un tamaño y está hecha de un material particular. Esto permite que se le use como una pieza estructural de un diseño poliédrico. Casi siempre hay que encontrar otra pieza (con otra forma, otro tamaño y otro material) con la cual exista una sinergia estructural.  Se trata de hallar dos piezas que se comprendan (En términos de diseño). Este trabajo en equipo es, en verdad, un lenguaje de la naturaleza (comparable a la música). Esta unión entre partes aparentemente inertes pasa a ser un “arquetipo de crecimiento dinámico”. En esta fototeca (de la poliedroteca de Mario Marín) podemos ver solo unos pocos diseños logrados con un solo tipo de pieza. La mayoría usan dos tipos de piezas y pocos ejemplares requieren 3 o más tipos para su construcción. 
Este acopio de modelos poliédricos tiene también como característica fundamental el uso del reciclaje. Sus ejemplares, hechos con material de desecho o con utensilios al alcance de todos, señalan el poder lúdico de cualquier objeto. En estas imágenes logramos ver la fuerza de la naturaleza para generar, a partir de lo elemental, estructuras complejas. Obtener uno de estos prototipos muestra afinidad y comprensión entre sus unidades estructurales. El simple hecho de que el poliedro se sostenga establece una relación lúdica e inercial de atracción entre sus partes. Comprender la comunión entre formas, tamaños y materiales es entrar al alma del diseño.
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